AviMograbi por Jean-Louis Comolli

“De film en film, Avi Mograbi, cineasta israelí, construye una obra sin paralelo en el cine mundial. Obrar, abrir. Cuatro películas hechas de ecos y rebotes, como una fuga musical: Cómo aprendí a vencer elmiedo y a amar aArik Sharon (1997), Feliz cumpleaños Sr. Mograbi (1999), Agosto, antes de la explosión (2002) y Venganza por uno de mis dos ojos (2005). Cada película en el presente de la situación política y militar en Israel, pero también en el presente afectivo, es decir a la vez comprometido y distanciado, del hogar Mograbi, lugar de debate político y de la casa Mograbi, pequeña empresa familiar de producción cinematográfica.
Siempre se trata de un film por hacerse, lo que se llama por convención un documental, aquí y ahora, sobre el momento y la situación, Israel y Palestina, la ocupación militar y la Intifada, la religión y la política, la colonización y los atentados. Pero, antes que nada, se trata deMograbi, sus semejantes y sus otros... otros y semejantes que interpretan por turnos el papel de demonios tentadores. Y el cineasta se debate, por teléfono, con estas voces que le demandan que filme o lo disuaden de filmar; Mograbi duda, ¿filmar a pesar de todo?, ¿no filmar a pesar de todo?
La película que vemos es la historia de las dificultades encontradas al hacerla, dificultades que harán el filmindispensable e imposible. O casi.Todo Mograbi cabe en ese casi. Porque, a pesar de todo, habrá un film. Al borde del renuncia. Omás bien sobre los bordes, a partir de dos bordes (al menos): del interior de Israel, del interior de la Palestina ocupada.Mograbi está animado de una inestabilidad
fundamental que lo empuja a atravesar las fronteras interiores, exteriores, simbólicas, mentales, pero también estilísticas, en una serie de idas y vueltas que oscilan en torno a la detención y la espera en el check point. La mezcla explosiva de agitación e inmovilidad que caracteriza sus films resuena (o razona) con la presión maníaca que nace exactamente allí dondeMograbi quiere filmar...”
(Cahiers du Cinéma, noviembre 2005).


Z32 por Quintín

“El conflicto de Medio Oriente ha sido devastador para los palestinos, pero ha puesto a la sociedad israelí en una situación imposible. Los gobiernos de las últimas décadas empujaron al país hacia unmodelo cada vezmásmilitarizado, racista y violatorio de los derechos humanos. Pero un personaje como el soldado de Z32 está, como tipo humano,muy lejos delmilitar argentino de los años '70, educado en la represión y el extremismo ideológico, relativamente aislado de la sociedad civil y al que ésta puedemirar con desdén sin hacerse cargo de sus actos. Por el contrario, este es un joven ‘normal’, altamente representativo de sus conciudadanos y de sus posiciones
ambiguas frente el conflicto palestino. Es la forma más sinuosa hacia la que crece el fascismo: aquella en la que su brazo
ejecutor está a cargo de los ciudadanos medios.
Pero en esa situación al borde de lo insoluble,Mograbi redescubre para el cine --que parece cada vez más convencido de su impotencia frente almundo-- la posibilidad de tratar los problemasmás difíciles por la vía de identificar la honestidad cívica con la artística. El resultado es ese estilo inconfundible de Mograbi, simple y sofisticado a la vez, sencillo en la transparencia de su mirada, valiente al no ocultar sus propias contradicciones y complejo en elmodo en el que la película transcurre y se analiza a símisma creando un espacio
en el que todo puede ser dicho, en el caben el humor y la música pero la tragedia no pierde un ápice de su peso. Si algún
adjetivo le cabe a Z32 es que se trata de una película verdadera” (www.otroscines.com).