“Frank Borzage (1893-1962) es un caso único dentro del cine norteamericano y -más allá de la admiración que algunos surrealistas profesaron por varias de sus películas mudas- ha sido largamente postergado por buena parte de la crítica, que lo acusó durante mucho tiempo de ser un director ‘blando y sentimental’. Dueño de una sensibilidad muy distinta a la dominante en el cine de Hollywood y exponente de un romanticismo sin concesiones -totalmente a contrapelo de los gustos críticos de la época-, dentro del cine de su país sólo puede reconocer cierta afinidad con algunas películas de King Vidor, aunque el tono de ambos directores es muy diferente. Con una carrera iniciada en 1916 que se prolongó por más de cuatro décadas, realizó casi un centenar de películas, la mayoría de ellas en el período mudo. (…)
Como ningún otro director en la historia del cine, Borzage es el cineasta de la pareja y el amor en términos que solo cabe calificar de absolutos. Sus amantes, generalmente enfrentados a un entorno social adverso, recorren la pantalla como poseídos, entregados de manera incondicional a un sentimiento que se convierte en el motivo excluyente de su existencia, y esa pasión casi alucinada que los devora los transforma -a pesar de ser casi siempre personas comunes- en seres extraordinarios. La alegría de los encuentros y el dolor de las separaciones nunca se transmitieron con tanta intensidad como en las películas de Borzage. Paradójicamente, a pesar del carácter individualista que supone a priori esta postura, en sus films está muchas veces presente el contexto social y político que condiciona las conductas de los protagonistas (la Depresión económica, el incipiente nazismo). Por supuesto que una actitud tan extrema y radical para la concepción predominante en Hollywood convirtió a Borzage en una rara avis dentro del cine norteamericano y a sus films en productos extrañamente intemporales.
En lo estilístico hay un elemento que se destaca en sus películas y que se antepone incluso a la elegancia de sus movimientos de cámara: la iluminación. Una luz difusa que parece desprenderse de los personajes y que ilumina los ambientes, sórdidos o elegantes, en los que se desarrolla la acción. No hay en la historia del cine antecedentes de un uso continuo similar de la iluminación, y si el tono evocativo e irreal de sus films se adapta de alguna manera a la estilización visual del cine mudo, con la llegada del sonoro se convierte casi en una provocación y lo coloca ante la crítica norteamericana como un realizador anacrónico. Sin embargo, la visión actual de las películas de Borzage lo ubica en la primera línea del cine norteamericano y como uno de los directores más radicalmente modernos de ese cine”.
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