La obra

En la Commedia dell' Arte, expresión del teatro cómico por excelencia, el creador del personaje es el actor, quien le da vida, lo relaciona con los otros y le proporciona carácter. Pero por eso mismo debe limitarse a ser, de una vez y para siempre, un único personaje. Debe encerrase en una máscara.
Goldoni toma el carácter vivo de este estilo para poner, en labios de sus criaturas, una historia escrita. Su obra humaniza la condición de los personajes, logrando que se nos parezcan de un modo inocultable. Eso nos permite reflexionar acerca de nuestras costumbres y guarecernos bajo el manto de piedad que Goldoni tiende sobre los excesos de sus personajes –que son también los nuestros.
Arlequín se pone al servicio de dos patrones porque en realidad es su hambre quien manda y por eso se ve envuelto en múltiples enredos para sostener su doble servicio. Esa necesidad de servir a dos patrones es un tema de extraordinaria actualidad y, en esta versión, Arlequín usa su máscara para ello, con una boca dispuesta a reírse de sí mismo, de sus amos y del público.
La combinación de lo culto y lo profano es lo que permite el regocijo, la habilidad y el juego como medios de expresión, como imágenes distorsionadas de un espejo que nos muestra inmersos en nuestros defectos, virtudes y necesidades.

Alicia Zanca

El autor

Considerado el fundador de la moderna comedia italiana, el veneciano Carlo Goldoni (1717-1793) no sólo fue un incansable renovador de la escena de su tiempo. También mantuvo a lo largo de su prolífica obra –más de doscientas comedias sin contar sus innumerables ensayos y un voluminoso tomo con sus memorias–, un inconformismo militante como cronista de una época y una geografía únicas: la Venecia del siglo XVIII.
Goldoni supo tomar lo mejor de la tradición italiana de la Commedia dell'Arte para hacerla evolucionar, dotando así al pobre panorama teatral de su tiempo de una nueva perspectiva creadora y de inusitadas posibilidades de juego dramático. Y pudo hacerlo por su enorme intuición, por su conocimiento profundo de las costumbres cotidianas y por una lucidez práctica para aproximarse directamente al fenómeno teatral (y no a los tratados y a las normas, que siempre menospreció).
Dentro de su extensa obra, destacan títulos como La posadera, El abanico, La viuda astuta y El café. En el Teatro San Martín se conoció, en 1976, una versión de Los rústicos que dirigió Osvaldo Graziano en la Sala Martín Coronado con María Rosa Gallo, Miguel Ligero y Tincho Zabala encabezando el elenco. Y, en 1997, se estrenó en la Sala Casacuberta La trilogía del veraneo, en versión y dirección de Daniel Suárez Marzal, con Adriana Aizenberg, Aldo Braga, Lidia Catalano, Verónica Llinás, Emilia Mazer y Fabio Posca, entre otros.

Los colores de Quinquela

El color expresa una personalidad. La del barrio de La Boca quedó para siempre capturada en las telas de Benito Quinquela Martín, "el pintor del Riachuelo". En su paleta se acumularon los bermellones, los cobaltos, los verdes esmeralda, los amarillos de cromo, en tonalidades enteras y ampliamente superpuestas. Esos mismos colores quedaron plasmados a su vez en las paredes de este Teatro de la Ribera, que el artista regaló a los vecinos del barrio. Para preservar su esencia, la Dirección General de Patrimonio y el Area de Conservación y Restauración del Gobierno de la Ciudad realizaron estudios estratigráficos de la paleta de colores original de Quinquela. Con ellos, volvieron a pintarse estas paredes, que expresan en todo su significado la singularidad del barrio de La Boca y de su gente.