LA OBRA
Las mujeres sabias es la penúltima comedia de Molière quien, por entonces, era un hombre enfermo y desencantado. La agudeza de sus críticas a la sociedad de su tiempo le había valido la persecución por parte de los nobles y de la Iglesia, el resentimiento de los hipócritas y los falsos devotos y, por supuesto, la envidia de sus colegas. Sólo tenía como aliados a Luis XIV y a su público, siempre fiel. Y su salud estaba quebrantada por una vida
de sobresaltos, inestabilidad económica y grandes sacrificios.
En Las mujeres sabias, Molière vuelve a ensañarse con lo que él consideraba uno de los peores males de su tiempo: la hipocresía. En este caso, el foco está puesto en los falsos intelectuales, personajes jactanciosos que alcanzaban con facilidad el prestigio y el reconocimiento pero que, bajo la superficie de sus escritos, sólo ostentaban afectación y engreimiento, aprovechándose de la candidez y presunción de una clientela de mujeres que pretendían convertirse en sabias y a lo sumo se recibían de sabihondas.
De nada sirvió a Molière advertir, antes del estreno, que la obra no se basaba en personas reales. Porque, en rigor de verdad, algunas situaciones y ciertos personajes señalaban claramente a célebres contemporáneos del dramaturgo. Y éstos jamás le perdonaron su nueva afrenta.
Las consecuencias las sufrió Molière, pero hoy podemos disfrutar la vigencia de esa sátira deliciosa y magníficamente compuesta.


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EL AUTOR
Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière (1622-1673), provenía de una familia de tapiceros y desde muy joven se sintió atraído por el teatro. Para no avergonzar a
su familia –en esos tiempos ser actor estaba considerada una actividad muy poco noble– adoptó su famoso seudónimo, nombre real de un mediocre comediógrafo. Fundó la compañía L’llustre Théâtre, con la que inició
una gira que duró trece años, hasta que en 1655 escribió su primer éxito: El atolondrado. El segundo, Las preciosas ridículas (1659), fue fulminante y provocó la exasperación de las compañías rivales. A partir de entonces, la vida de Molière transcurrió bajo la influencia y protección de Luis XIV, el Rey Sol, y tuvo los altibajos de las constantes intrigas palaciegas. El autor sufrió la censura –de la Iglesia, de los nobles, de los funcionarios reales– por empeñarse en satirizar los vicios de la corte en obras como Tartufo, El avaro, Don Juan, El misántropo, El burgués gentilhombre
y, entre otras, El enfermo imaginario.

EL DIRECTOR
Régisseur egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, director de escena y escenógrafo, Willy Landin ha trabajado, entre otros, en los teatros La Fenice de Venecia
(Italia), Opera de Roma (Italia), Carlo Felice (Génova), Opera Lille (Francia), San Carlo de Nápoles, Auditorium de Dijon (Francia) y Teatro Real de Madrid (España). Para el Teatro Colón, puso en escena El Castillo de Barbazul, El Barbero de Sevilla y La Bohème, además de óperas contemporáneas, y en el Teatro Avenida montó Les Mamelles de Thiresias y Madama Butterfly. Como régisseur colaborador, dirigió junto a Sergio Renán Lady Macbeth de Mzensk, ópera multimedia, bajo la batuta del maestro Mstislav Rostropovitch. Colabora asiduamente con el Teatro
San Carlo de Nápoles, donde dirigió a Gérard Depardieu e Isabella Rosellini en Oedipus Rex y Persephone. En 2003 ganó el Premio de la Crítica de Chile por su producción de I Pagliacci, con Leo Nucci, para el Teatro Municipal de Santiago. Para 2010, el Teatro Colón le encomendó la dirección de Aurora, ópera con la que se festejará el bicentenario de la Nación.